Un ejercicio mecánico y cotidiano como mirarse al espejo puede convertirse en una odisea para quien alberga en su mente un solo mandato interior: tengo que estar flaca. No importa cómo. Para algunas personas, la decisión de comer -o no- un chocolate resulta más tensionante que rendir un examen. Temen al juez acusador que aguarda agazapado en los vericuetos de sus mentes. Temen la imagen de...








