Faltan pocos minutos para que el vuelo transatlántico aterrice en el aeropuerto El Dorado, en Bogotá. Åsa Sjödin ha perdido las ganas de comer y una capa de sudor frío le recubre la frente. Para ella, no se trata de un viaje cualquiera: en breve pisará de nuevo la tierra que la vio nacer, la tierra que se vio obligada a dejar a los cuatro años cuando una familia sueca la adoptó y se la...








