Sin que nos demos cuenta, nuestro organismo es un territorio en el que
día y noche se desarrollan batallas épicas. Se producen en la intimidad de nuestros tejidos, y con armas más versátiles y efectivas que ninguna de las diseñadas por la industria bélica. Las protagoniza el sistema inmune, que distingue lo propio de lo extraño, nos protege de microorganismos patógenos y descarta errores...








